En el cuarto capítulo Hadjinicolaou, en su obra Historia del arte y lucha de clases, describe lo que algunos autores han denominado “la historia del arte como historia de las obras de arte”.
Afirma que desde inicios del siglo XX han surgido nuevas escuelas que corresponden a los estamentos más reaccionarios de la burguesía. Dice que han adoptado principalmente tres formas.
La primera era presidida por Henri Focillon, quien sostiene que la historia del arte no es una investigación lateral, un procedimiento de documentación ilustrado. Por ser historia del espíritu por las formas, se halla en el corazón del estudio de las civilizaciones.
El autor asevera que el planteamiento que hizo Heinrich Wölfflin en su obra Principios fundamentales de la historia del arte lo enfrentó a los historiadores burgueses, pues enunció un concepto que ellos consideraron una traición. El habló de ‘historia del arte sin nombres’. Ese concepto enojó tanto a sus detractores que tuvo que echar marcha atrás. Dijo: “No se como apareció esa expresión en mi espíritu. Estaba en el ambiente. (…) ¡Lo precioso en la historia del arte es sin embargo la personalidad! ¡La eliminación del sujeto equivale a un empobrecimiento desolador! (…) No se me hubiera podido comprender equivocadamente de una manera más manifiesta. ¿Qué significan estas protestas cuando nadie pone a discusión el valor del individuo?”.
Hadjinicolaou sostiene que el concepto de “la historia del arte sin nombres” no ha cesado de ejercer cierta influencia, desgraciadamente siempre a partir de una ideología de la historia que no era menos errónea ni menos burguesa que las precedentes.
En su obra Reflexión sobre la historia del arte Heinrich Wölfflin afirmaba: “Hay en el arte una evolución interna de la forma. Por meritorios que sean los esfuerzos hechos para poner en relación las modificaciones ininterrumpidas de la forma con los cambios de las condiciones del medio y en la medida en que es cierto que el carácter humano de un artista y la estructura espiritual-social de una época son indispensables para la explicación de la fisonomía de la obra de arte, no se debe dejar de ver que el arte o, digamos mejor, la fantasía creativa de las formas posee, dentro de los límites de sus capacidades generales, su propia vida y su propia evolución”. Hadjinicolaou enfatiza que para los discípulos de Wölfflin, la obra de arte no es otra cosa que el resultado dar forma, analizable y explicable en sí mismo y que no mantiene relaciones más que con las formas creadas anteriormente. Luego, dice: “En esto los formalistas ocupan la otra cara de la medalla que los marxistas vulgares “contenutistas”: los dos, en efecto, separan la “forma” del “contenido”.
La segunda forma que analiza Hadjinicolaou es la historia del arte como . Sostiene que empieza a aparecer a fines de la tercera parte del siglo XX.